El Avión

Salustio Godoy

10/3/20251 min read

Sentada en el avión, aguardaba mi destino. Me encanta viajar, aunque las turbulencias siempre me inquietan.

Mi compañera de asiento, la señora María, de sesenta y ocho años pero con un rostro de una fatiga que los doblaba, me hizo grata compañía. Conversamos todo el vuelo; era divertida y agradable. Me confesó que trabajaba como asistente para una familia adinerada y que era su primer viaje; iba a la casa de verano de sus patrones donde la esperaban. Me pidió, con timidez, que la asistiera durante el trayecto. Acepté encantada.

Llamé a la azafata cuatro veces: María tenía frío, sed, pidió un jugo y la acompañé al baño en dos ocasiones. La azafata me miraba con ternura; los pasajeros sonreían ante mi solicitud. Mi corazón se ensanchó cuando me susurró: «Gracias, hija».

Aterrizamos. Bajamos del brazo, cómplices. Cargué sus maletas junto a las mías. Al cruzar el control policial, los agentes nos sonrieron; la cara de María, antes exhausta, lucía ahora iluminada.

Fuera, ella escaneó la salida y, sin soltarme, hizo una seña. Dos hombres de rostros rudos avanzaron hacia nosotras. María me aprisionó el brazo con una fuerza que me hizo daño; un frío glacial me recorrió la espalda al verla rígida, como un cadáver.

El miedo me paralizó al observar la expresión de esos hombres. Un perro de la policía se acercó y, al olfatearnos, comenzó a ladrar con furia. Los hombres huyeron. María, presa de un ataque, comenzó a gritar mientras vomitaba grandes bolas plásticas frente a mí.

Con las manos en alto, aterrada, solo escuché los gritos policiales que no logré entender; el frío se apoderó de mí al ver el cañón del arma apuntando directo a mi pecho.

Contactos

Conéctate con nosotros para más información.

Redes

Suscríbete

info@fronteraliteraria.com

+569 87461826

© 2025. All rights reserved.