El conejo que no sabía saltar

¿Sufren las mascotas?

Salustio Godoy

10/1/20251 min leer

Dos inviernos pasó el conejo dentro de una jaula. Desde que nació no conoció más espacio que los centímetros de su cárcel, ignorante de su prisión fue feliz y recibió cada día como una bendición.

Su cuerpo ya no tenía espacio. Preocupado de su salud, el tirano humano carcelero, que se autoproclamó “su dueño”, decidió soltarlo. Ahí, el conejo que no sabía saltar, conoció el pasto verde, le encantó su olor, su textura y su sabor. Conoció también el cielo azul, tan brillante que les hacían daño a sus rojos ojos deslumbrados.

Trató de andar, pero sus piernas no lo acompañaron y en un torpe movimiento se desplazó por el pasto, el conejo que no sabía saltar amaba las nuevas experiencias, la tierra, el viento, las hojas, los sonidos, los pájaros que volaban sobre él y ese gato de mirada fija que lentamente se acercaba sin hacer ruido.